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Por Edmond de Estrella

 

Chito16 de Enero de 2018- A finales de 1983, los Tigres Capitalinos anunciaron con bombo y platillo que para la temporada 84, tal como habían hecho exitosamente en la década de los 60, iban a mexicanizar su roster.

 

Esta decisión implicaba que prescindieran de los servicios de peloteros extranjeros como Derek Bryant, Matt Alexander, Alvin Moore, para dar paso a una pléyade de jóvenes con cartel de futuras estrellas que procedían de otros equipos, encabezados por Matías Carrillo y José de Jesús (Pepillo) Rodríguez, además de José Juan Bellazetín, Homar Rojas.

 

En el pitcheo no hubo mayores anuncios, hasta pocos días antes del juego inaugural de 1984, cuando el manager de los de Bengala, Fernando “Pulpo” Remes anunció que abriría la temporada ante los Diablos Rojos del México con un pitcher derecho novato de nombre Jesús Ríos, del cual poco se comentó en los periódicos que daban difusión a la Liga Mexicana de Beisbol.

 

Después se supo que este pitcher derecho, nativo de El Espinal, Oaxaca, había pertenecido a la Liga Nacional (ANABE) y con el equipo de Puebla tuvo fantásticas actuaciones, llegando en un juego a ponchar en forma consecutiva hasta a 9 bateadores. Recordamos siempre una entrevista en la que le preguntaron al respecto de ese momento y comentó: “me daba risa que no le podían pegar a la pelota, por lo que me cubría la cara con el guante, para que no pensaran que me burlaba de ellos”.

 

Hombre de pocas palabras, sencillo, debutó en la LMB el 7 de marzo de aquel lejano 84, con un Parque del Seguro Social lleno de bote en bote para ver el duelo clásico capitalino Tigres vs México. Su rival en la loma fue otro joven, que al paso del tiempo se convirtió también en referente del pitcheo de aquella década, Luis Fernando Méndez.

 

Con el número 2 en la franela a rayas, que al paso de los años se volvió clásico e inolvidable, no solo para la afición de los Tigres, sino también para la de los Diablos Rojos, que le reconocen y respetan como uno de sus grandes rivales de todos los tiempos, Ríos enfrentó a Luis Monreal, a quien dominó en rola a segunda base. Posteriormente enfrentó a Juan Monasterio, que le conectó hit al central, le otorgó base por bolas a Armando “Ahujita” Sánchez y posteriormente ante el 4º tronco escarlata, Gary Gray, consiguió el primero de los 2,549 ponches de su ilustre carrera, con los cuales encabeza dicho departamento en la historia de más de 90 años de la Liga Mexicana.

 

Anecdótico sin duda fue que posteriormente Jimmy Collins con imparable le produjoChito2 su primera carrera en contra, pero cerró el inning con un espumoso chocolate al que sería su gran antagonista deportivo, Nelson Barrera, cuya rivalidad, siempre respetuosa, representó mucho de lo que es el béisbol: un compromiso diario en el que hay que prepararse siempre para enfrentar los retos, a veces serán momentos de alegría, pero también algunos otros serán desfavorables, lo importante es nunca rendirse y dar el máximo esfuerzo.

 

Precisamente, el entregarse al máximo por su equipo, mejorar su desempeño diario, es lo que marcó la carrera de este enorme lanzador derecho, cuyo slider era mortífero por necesidad y sumado a ello, era de esos pitchers que uno le gustaba ver en la loma, aunque no le fuera a los Tigres, porque su parsimonia, su control de la situación, el lanzar por arriba del brazo, tres cuartos o de lado, era un show por sí mismo.

 

En el 84 llegaron los Tigres a la final de la Zona Sur, donde cayeron con los Leones de Yucatán, pero más allá del resultado, la afición felina terminó el año con mucha esperanza en un roster juvenil que podría darles muchas satisfacciones en los años siguientes, encabezados por supuesto por el ya estelar derecho “Chito” Ríos.

 

Un año después, Jesús realizó una hazaña que dadas las condiciones del béisbol actual será imposible volver a ver en ningún nivel. Abrió 26 juegos y completó cada uno de ellos. Tuvo un record de 21 ganados por 4 derrotas y fue fundamental un relevo suyo en Mérida para preservar una ventaja de los Tigres y eliminar a los melenudos en aquel primer playoff de la temporada.

 

Pese al gran esfuerzo de Jesús, los Tigres se volvieron a quedar cortos en su intento de regresar a una serie final, pues cayeron ante los Diablos Rojos en 5 juegos, pero para la posteridad quedará siempre su temporada de epopeya, considerando además que lo hizo en el 2º año que se utilizó aquella muy voladora Comando XXXXX, por lo cual las hazañas en la loma de pitcheo deben ser mayormente reconocidas y máxime ésta que habla por sí sola de lo que “Chito” es para la LMB.

 

Ver anunciado a “Chito” para abrir juego por los Tigres era un dolor de cabeza para la afición roja, porque sabían que era enfrentar no solo a un estelar del rival acérrimo, sino a uno de los mejores de todos los tiempos, un hombre que a partir de sus actuaciones con los felinos poco a poco se ganó el cariño de su tribuna y, porque no decirlo, también el de los contrarios, amén de su trascendencia en la historia de bengala, donde es a considerado por propios y extraños como el pitcher derecho ideal de dicha novena, aún sobre nombres como Vicente Romo o José Peña, que también dieron años de lustre en el lado izquierdo del Parque del Seguro.

 

Por ello no fue sino mera justicia beisbolera que para 1992, cuando los Tigres enfrentaron a los Tecolotes de los Dos Laredos en la Final, el ídolo oaxaqueño fuera el encargado de abrir el 5º juego, que a la postre sería el de la coronación…. Y fiel a su costumbre, a su carrera, a su grandeza, procedió a tirar una joya de pitcheo de un solo hit, que permitió a su querido equipo volver a ganar un título, luego de 26 años. Un premio más que justo para un hombre que siempre dejó todo en el diamante.

 

Cuatro años después, Ríos pasó a Monclova, en un movimiento que obviamente no fue popular entre la afición, pero que respondió a una renovación que estaban haciendo los Tigres y en las que destaca aquel cambio de hasta 22 peloteros con los propios Tecos de los 2 Laredos. Luego de 4 años con los Acereros, estuvo año y medio en Yucatán y posteriormente de 2002 a 2006 portó la franela de los Olmecas de Tabasco, para finalmente concluir su dorada trayectoria un sábado en la Ciudad de México, cuando los Diablos Rojos le rindieron un más que merecido homenaje a su otrora gran rival, que selló ese compromiso y su carrera al más puro estilo Ríos, con un ponche al 4º bat rojo (sí, tal como inició su carrera ponchadora) que era Roberto Saucedo.

 

Jesús no tuvo, a nuestro juicio, una oportunidad real en Grandes Ligas, parecía que su slider, su control, su mentalidad, eran las adecuadas para hacer carrera en el Gran Circo, pero ninguna organización le dio verdaderamente una posibilidad de demostrar su talento, lo cual impidió a “Chito” llegar allende el bravo, donde seguramente hubiera triunfado, pero por otro lado permitió a la afición de toda la LMB y de la LMP disfrutar de su calidad como lanzador, lo cual incluyó Serie del Caribe, donde es inolvidable aquel dominio que tuvo sobre el equipo de Venezuela, ponchando incluso al entonces aporreador estelar Tony Armas.

 

Jesús “Chito” Ríos es quizá el último gran héroe de la loma, un pitcher que dominaba y que sobre todo estaba siempre dispuesto a dejar el brazo en cada salida para que su equipo ganara. Como acotamos anteriormente era un deleite verlo lanzar y hoy, a 35 años de su debut en LMB, aún cerramos los ojos y vemos aquel número 2 (retirado ya por los Tigres) balanceándose rumbo a la goma para dominar a los bateadores… una imagen que el beisbol mexicano nunca debe olvidar.