USO Y ABUSO DE UN GAFETE

RINCÓN BEISBOLERO

Por: José Carlos Campos

Ortega21 de Marzo de 2017- La noticia ayer fue el tópico del día: el FBI averiguó que “alguien” con gafete de prensa internacional había sido quien extrajo del vestidor de los Patriotas de Nueva Inglaterra el jersey usado por el quarterback Tom Brady. Más tarde se sabría que ese “alguien” fue un periodista mexicano. Más penoso, imposible.

 

Mauricio Ortega, exdirector de un diario “La Prensa” de la cadena OEM, resultó el presunto ladrón y además, a quien imputan ser el autor de otros eventos semejantes en ediciones anteriores del máximo evento del futbol americano. Que si surge algún detalle para más o menos entender su afición por lo ajeno es que se le menciona como “coleccionista de memorabilia”, entendiendo que lo es no invirtiendo de su bolsa sino apropiándose de lo que no es suyo.

 

El tema no es en sí estos incidentes sino cómo se incurre en el uso y abuso del gafete de acreditación, de cómo algunos periodistas deportivos mexicanos lo siguen entendiendo como un derecho y no como una potestad de los organizadores de los eventos que buscan darle difusión a los mismos. En nuestro país esto ya se vuelto un carnaval.

 

Hace años, el club Tomateros de Culiacán decidió cerrar las puertas de los vestidores a los medios, cero periodistas a la hora de concluir los juegos. Peloteros y cuerpo técnico lo pidieron así tras registrarse algunos casos en los cuales “se habían perdido” objetos personales de los integrantes del equipo. El ahora gerente deportivo del club, Mario Valdez, podrá acordarse.

 

OPEN HOUSE- Grave, lamentable, el incidente en Houston como grave puede ser que la acreditación para un medio dirigido a dar cobertura un evento deportivo se convierta en recurso para que el periodista satisfaga intereses y apetitos individuales.

 

Aquí ninguna culpa tiene el medio de lo que el acreditado haga. Si el enviado falta a la ética profesional, el pecado no se le puede achacar al medio que representa, aún y que en esto puede haber excepciones que también son lamentables.

 

En la pasada Serie del Caribe en Culiacán, no solamente se acreditó a capricho/tripa, sin atender requisitos o perfiles, todo fue acreditar “para quedar bien” y así fue como se permitieron todo tipo de licencias en el uso del gafete tamaño “selfie”, el figureo desmedido y la venta de imagen del comunicador. Reiteramos que solamente los botes de basura se salvaron del ego desmedido de comunicadores que entienden los grandes eventos como vacaciones pagadas a su personajismo.

 

Pocos que se feliciten por cubrir el evento, muchos que se vanaglorian porque se tomaron una foto con Carolina Padrón.

 

El comité organizador se volteó y ni quiso ver. Tan culpable el que mata la vaca como el que levanta la pata.

 

En el Clásico Mundial de Guadalajara, organizado por MLB en coordinación con el club Charros de Jalisco, un medio queriendo meter de gratis a cuates y recomendados cual si el evento fuera suyo. La sempiterna postura de que aún siendo fiesta ajena, periodistas la hacen propia.

 

Va de nuevo: club y ligas quedan más que exigidos a rigorizar no solamente los requisitos para extender gafetes sino así también, a reglamentar la conducta de los comunicadores. Mayor exigencia para frenar la veleidosidad de quienes creen que se es más periodista en razón de los gafetes que se obtienen y de las selfies que se coleccionan.

 

PEOR AÚN- En nuestro país persiste la cultura del “cachondeo”, la práctica de “hay que llevarla bien con el medio, no molestar al periodista”. Así, ligas y clubes se dejan extorsionar, permiten, prohija, arropan y omiten. Regalan su espectáculo para que el comunicador haga con él lo que quieran. El gafete como letra de cambio.

 

Así, emblema de la patética situación es la foto de la que se presume comunicadora tomando cerveza en las gradas desde donde “reporta” y “está al tanto”. En el club como si no importara.

 

Es la llamada de “voy yo con cinco amigos”, es el “dame dos botacas para toda la temporada”, es el “chamarras para todos”, es el consentir, el mimar, llamarlos “amigos” y no patear el avispero”. Los ideólogos del presente se llenan la boca para decir “sin los periodistas no somos nada”.

 

Así han dejado surgir a quienes hacen de la profesión “modus vivendi”, que se venden como “expertos”, el de los pasos sin huarache y que exigen (porque dicen merecerlo) el todo por a veces menos que poco.

 

Varios directivos beisboleros en México suelen verse afectado por algo parecido al “síndrome de Estocolmo”.

 

INFLEXIÓN- Lo sucedido con Mauricio Ortega y los jerseys de Brady debería ser motivo de una necesaria reflexión para el gremio periodístico en México. No basta la pena o el sentir vergüenza propia por culpa ajena. Aquí está la oportunidad para un “punto de quiebre”.

 

Pero este no llegará, se acudirá al “no pasa nada” y “al rato se olvida”. Se reirán aquellos que lean que Ortega se tomaba selfies hasta con el policía que cuida las puertas de los vestidores. “Qué bruto es, lo descubrieron” dirán quienes no quieren entender que abusar del gafete es una grave falla a la ética del periodismo.

 

“No pasará nada, sigamos pecando”, estarán pensando aquellos que coleccionan favores y prebendas vía gafete, que abusan así del medio que les da cobijo y le sacan jugo al medio que inventaron para ejercer el “gandallismo” o el “periodismo-fan”. El cinismo en su punto más alto.

 

No habrá autocrítica, eso es un balazo en el pie.

 

"Cuando se pierden los principios, el periodismo se va al carajo"

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