RINCON BEISBOLERO

Por: José Carlos Campos

 

tOMMY27 de Febrero de 2018- Justificado el, ánimo de tristeza que campea en la Liga Mexicana de Beisbol luego del fallecimiento de Tomás “Tommy” Morales, notable periodista que dedicó varios años de su vida a relatar, como pocos, el quehacer del béisbol mexicano.

 

Sería hipócrita intentar siquiera elaborar una elegía acerca del viejo periodista, a quien lo recordamos con sus notables claroscuros luego de ser pionero del periodismo militante, del esfuerzo comunicador sumiso y que en varias ocasiones, más que informar deformó la realidad.

 

Se le reconoce haber sido heredero de viejas glorias del periodismo beisbolero luego de irrumpir tras haber desaparecido personajes como “Fray Kempis” y “Fray Nano”. Nadie como Tommy para la redacción de crónicas de los juegos, estilo único que muy lejos de ser imitado por los “notables” de la época, cófrade no muy ordoxa en la cual muy pocos se salvan de ser identificados como aves que no se mancharon el cruzar el pantano.

 

En ese grupo, lo central fue el cómo se hicieron grupo de presión, que traficaron “influencias” desde la época de Antonio Ramírez Muro y en especial. del nefasto Pedro Treto Cisneros. Vamos, de alguna forma fueron los creadores del chayote “institucional” que deviene en prácticas de extorsión y de saldazo Oxxo.

 

Desde las páginas de “La Afición” tejió grandes historias que no pocas se hicieron mitos, así fuera que nacieran del fanatismo extremo, de los intereses muy particulares y del entreguismo muy mal disimulado.

 

Una época que desapareció y que apenas extrañan los que de alguna manera fueron “socios gananciosos”.

 

RECUERDOS- Muy lejos estuvo Tommy se intentar siquiera ejercer el periodismo de investigación, de hurgar y de desentrrañar. Lo suyo era lo dictado y que no golpeara a los intereses en resguardo.

 

Durante muchos años vivió de las glorias de Fray Nano, de cuyos archivos y hemeroteca Tommy se hizo albacea. Las viejas crónicas del fundador de la LMB fueron refriteadas sin que muchas veces se diera crédito. Ese era el estilo: relatar hazañas de la época de oro como si se hubieran atestiguado, platicaba en palabras de otros. Así forjó su personal leyenda desde aquella redacción en la ciudad de México.

 

Cuando la huelga de la ANABE en 1980, se autoadjudicó el cargo de personero de los directivos, atacó en sus columnas a los peloteros huelguistas (a “Houston” Jimenez lo llamó “alacrán”, fue enviado para tratar de convencer al Abulón Hernández de desistieran del movimiento) y así haya sido muy en su derecho, se puso del lado de los directivos, defendiendo así intereses muy personales, no del béisbol.

 

Fue promotor individual de Mike Brito para tratar de convencer a las audiencias de que el cubano había “descubierto” a Fernando Valenzuela, patraña descubierta luego de saberse que el mérito correspondía a Corito Varona. Pero Brito pagaba licores en el bar enfrenta del parque del Seguro Social y colocaba billetes (dólares) en la bolsa del saco de Morales. Favor con favor se paga.

 

Claroscuros de un personaje a quien Roberto Mansur definió alguna vez como “tan positivo como negativo para el béisbol”.

 

Palabras del entonces presidente del club, Diablols Rojos, más beneficiado por el periodismo militante y sumiso de Tommy.

 

LEGADO- Un personaje como el hoy desaparecido periodista, deja legado, sea este como se quiera tomar. La historia siempre tiene dos caras.

 

Para el sector más antiguo de la afición beisbolera, de las décadas de los Sesenta a los Ochenta, la nostalgia al evocar el estilo desenfadado y apasionada. El privilegio de seguir a un periodista tan cercano a las fuentes de poder de la LMB, que bien aprovechó su nivel de influencia, capaz de manipular e imponer decisiones del extinto Salón de la Fama.

 

Ya como narrador de televisión, queda al gusto, que en las pantallas solo replicó su personal estilo de periodismo.

 

Tan importante eso como la obligada reflexión para la nueva hornada de periodistas, de saber que alguna vez se dio esa época de periodismo militante, atado a la vieja práctica del sobre y “pago para que calles”.

 

Descanse en paz.