RINCON BEISBOLERO

Por: José Carlos Campos

 

lmb201825 de Mayo de 2018- Prácticamente ha finalizado el torneo de apertura 2018 de la Liga Mexicana de Beisbol, se fue la primera temporada y habrá que decir que se llegó a la última serie del rol regular con Pitágoras ayudando a que persista la idea de que no todo está definido.

 

Por eso es que la propia LMB decía que Durango, Puebla, Tabasco y Oaxaca aún tenían chance de alcanzar el juego de limbo eliminatorio, no por otra cosa que no fuera que matemáticamente las cosas avivaban la tenue llama de la esperanza (con perdón por la licencia casi poética).

 

Esto era porque restando tres juegos, en la zona norte el cuarto lugar Acereros le sacaba cinco juegos y medio de diferencia a los Generales. La posibilidad existía, cierto, habida cuenta que los Acereros iban contra los poderosos Sultanes mientras que los Generales contra los poco agraciados Algodoneros de Unión Laguna, que este año han sido el tercer pero equipo de la liga.

 

Pensar en que Monclova pierda los tres y Durango gane los tres alimenta el chance de que haya juego de eliminación.

 

En la zona Sur, los Bravos de León sacando dos juegos y medio a Pericos, tres y medio a los Olmecas y 4.5 a los Guerreros, algo que no significa necesariamente competitividad sino irregularidad. Los tres perseguidores de León jugando pelota muy por debajo de los .500 pero esperando que del cielo caiga el milagro.

 

Bravos contra Diablos, Pericos contra Guerreros y Olmecas contra Piratas serán las últimas series. Cuatro aspirantes de los cuales solamente uno será local.

 

REDUCCIONISTA- Persisten las mentes estrechas que se resisten a aceptar a la crítica como parte del juego. Se animan a gritar “burro” a un umpire, “menso” a un pelotero pero no les toquen a la liga porque salen a pasear de inmediato su visión reduccionista.

 

Se necesita tener una visión muy estrecha para no entender que cuando se señalan las bajas asistencias en los estadios del verano no se habla de que si es o no un torneo corto. La intencionalidad concreta es señalar si el circuito en su conjunto, así haya salvedades en algunas plazas, es o no producto favorecido por el público.

 

No se exige ni pide que haya llenos diario, se desea/aspira a que haya entradas decentes, dignas, no desalentadoras. Un gran total de dos millones de espectadores a nivel circuito puede sonar hasta “espectacular” pero señalar que el promedio de asistencia anda en un 35 por ciento de la capacidad de los estadios suena hasta frustrante.

 

Eso es, siete de cada diez asientos disponibles quedan vacíos. Si no se capta la dimensión de lo anterior, mejor que se cierre el debate. Ideas no hay.

 

VÁSTAGOS- Tema que da para más pero que vale la pena irle darle un adelanto, lo es el relativo a la herencia del béisbol en familias y particularmente, entre padre e hijo.

 

En la historia, casos como el de los Griffey, en donde el hijo fue mejor que el papá; los Boone, Bell, Hairston, Raines… hoy lo es en proyección los Guerrero, el ya inmortal Vladimir y su hijo Vladimir Jr. al que muy pronto veremos en las Mayores.

 

“Tropicalizamos” el asunto en México y veremos que poco hay para documentar, incluso remontándonos al caso de los Amaro en donde el papá Santos era cubano y su hijo Rubén mexicano, llegando incluso a las Grandes Ligas.

 

¿Y luego? Lo demás han sido casos más anecdóticos que de éxito. La revisión nos hace recordar casos como el de Héctor Espino y su hijo Daniel, en donde todo quedó en que el hijo fue profesional y fin de la historia. Imposible pensar que Matías Carrillo Jr. se acercó a las glorias de su padre. En todo caso, imaginar que José Isidro Márquez podría algún día “tocar” ese universo beisbolero al que pertenece su padre, Isidro “Chilo” Márquez.

 

Por ahora, todo es más mediático que apegado a la realidad. El béisbol mexicano es más de primeras generaciones.