EL “DESARROLLO”, GRAN MITO DEL BEISBOL MEXICANO

Firma316 de Febrero de 2017 (ERB/JCC)- En la lista de los grandes mitos del beisbol mexicano, cual si fuera una competencia, dos mentiras históricas persisten: que Mike Brito “descubrió” a Fernando Valenzuela y que en la pelota mexicana se ofrece “desarrollo” al pelotero nativo. Vote usted.

 

Lo primero hizo ganar fama al personaje cubano. Lo segundo ha hecho ganar muchos dólares a pocos clubes.

 

Durante años, desde inicio de los años 80, el beisbol de verano adoptó para sí el término en aras, como primera suposición, de acompañar en el discurso al menos, la intentona que hacía Alejo Peralta a través de la Academia de Pastejé de PRODUCIR peloteros nativos y así, segunda suposición, de tratar de resarcir los daños provocados por la huelga de 1980.

 

Pastejé no fue ni de lejos la panacea si bien sí fue generador de algunos buenos peloteros. La idea fue traicionada por gente inserta en la propia Liga Mexicana de Beisbol y la visión de ser centro productor-desarrollador fuie trocó a ser, en los hechos, punto maquilador de productos de exportación, ayudado en mucho por el manoseo de primeras firmas.

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De ahí en adelante, ahora con la Academia de EL Carmen como vano esfuerzo y parapeto “ad hoc”, la LMB sigue montada en el viejo cliché de que se invierte en “desarrollo” y por ello, como ejemplo, el encarecer el valor de los contratos de aquellos peloteros que se venden a Estados Unidos.

 

Tal vez exista confusión luego de que dar FOGUEO al pelotero en ciernes (Liga Invernal Mexicana, Liga Norte de México) puede hacerse pasar por DESARROLLO o creer y hacer creer que en la Academia de El Cármen, y aún en la “no oficial” que sostienen Diablos Rojos del México y Guerreros de Oaxaca se brinda algo que semeje ser “desarrollo”.

 

LOS AÑOS DORADOS

 

Decir que en México ha existido alguna vez “desarrollo” para el pelotero obliga a remontarse a los años Sesenta del siglo XX, época cuando el beisbol aún no era avasallado y los gobiernos estatales no morían de ganas por subsidiar clubes. Eran empresarios los que arriesgaban billetes en serio.

 

Apenas en 1955 se había logrado un acuerdo para que la LMB ingresara al llamado “Beisbol Organizado” y las cosas se estaban tratando de hacer bien.

 

Además de directivos comprometidos con este deporte, entre ellos el doctor Álvaro Lebrija, pionero del tema en nuestro país, el beisbol mexicano tenía la enorme ventaja de tener un mosaico de ligas que le permitían “armar la escalera” de un presunto desarrollo y más aún, circuitos que cubrían gran parte del territorio nacional.

 

De aquel entonces, sobresaliendo, la Liga Central, la del Bajío, la Peninsular, del Noroeste y la que se jugaba en Chihuahua a nivel semiprofesional, circuito de donde salió por cierto Héctor Espino.

 

La Liga Central fue la más célebre y la que más aportó a las principales ligas nacionales. La lista de ciudades que tuvieron pelota de liga Central es grande, con equipos de estados como Guanajuato, Tamaulipas, Veracruz, Durango, San Luis Potosí, Michiacán, Jalisco y Zacatecas.

 

Los equipos de LMB se dedicaban a enviar a los jugadores jóvenes adonde mejor les conviniera para así ir detectando a los talentos susceptibles de jugar en la entonces muy fuerte liga veraniega. Casos de éxito abundaron.

 

Lebrija2En Puebla, el doctor Lebrija y los Charros de Jalisco mantuvieron sus granjas en la región de Tehuacán, zona muy recordada porque ahí llegaron peloteros que darían el brinco a las Grandes Ligas. (Aurelio Rodríguez, Charolito Orta, Pancho Barrios, Maximino León, etc).

 

Fueron esos, sin duda, los años dortados.

 

LA HUELGA CAMBIÓ EL ESQUEMA

 

La huelga de 1980 se llevó a una generación completa de jugadores y la LMB perdió secuencia de tiempo. Sin figuras ni ídolos y con el futbol ya comiéndose buena parte del pastel de la industria del entretenimiento, las medidas tuvieron que ser urgente.

 

Peralta creó Pastejé pensando en “sus” Tigres pero LMB lo convenció de ampliar la visión. Ya apareció en escena el nefasto Pedro Treto Cisneros y una generación de directivos que quisieron entender el signo de los tiempos bajo el paradigma de “el negocio tras el negocio”. La exportación (y las tranzas moviendo franquicias) daban más y con menos riesgo.

 

Así, la academia de Pastejé se fue convirtiendo en gran vitrina en donde un joven en menos de seis meses se podía convertir en sujeto de una operación de compra-venta. Se empezó a perder de vista la producción para consumo interno para más tarde, inexorablemente, irse extinguiendo lo que alguna vez pareció buena idea.

 

DEL PASADO RECIENTE AL HOY

 

Treto Cisneros convenció a los dueños de equipos en invertir en una academia propia, de propiedad compartida, consiguió terrenos en Nuevo León (obvio) y se cuajó el proyecto. Así nace la Academia de El Carmen que a la fecha, poco concede para el recuerdo en la presunta “memoria histórica”. No existen, ,como lo fue con Pastejé, nombre emblemáticos que la distingan y sí sobradas falsas historias de que “alguien estuvo ahí”.

 

El modelo de “desarrollo” se plasmó en estatutos: nadie puede jugar en LMB si no permanece al menos 60 días en la Academia.., ni ser vendido a un club de Grandes Ligas.

 

Así entonces, el esquema se facilitó tanto para la parte operativa como para el discurso: en 60 días ya tenemos peloteros.

 

A la Academia de El Carmen se le han cuestionado muchos aspectos, sobre el todo el concerniente a la instrucción. Sin haber podido cuajar un convenio con MLB, lo que se ha hecho ha sido con personal que no ha sido precisamente el más apto para estas lides. De hecho, años atrás, se comentaba que “si como instructor de infield se tiene a José Manuel Ortiz, ya mejor no hablamos”. No es el “Goyito” el mejor referente.

 

Al mismo tiempo, la propia LMB, sus clubes, se han venido dando un tiro en el pie al ir directamente a la fuente, al génesis del joven como pelotero (ligas infantiles y juveniles) e iniciar otro de los grandes vicios acumulados: las firmas de por vida de prospectos y al mismo tiempo, desechar a quienes no ven con talento de producto de exportación.

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Así, lo que hoy en día sale de México alcanza, cuando mucho, la clase A si no es que la gran mayoría aterriza en Academias que los clubes MLM tienen en Dominicana. El beisbol per se, alejado de esa visión. El negocio se convirtió en exportar nivel de vida.

 

El caso emblemático lo representa Luis “Caballito” Heredia, vendido por tres millones de dólares a los Piratas de Pittsbugh sin nunca haber pisado un diamante profesional, sin nunca jugar en LMB y no ser producto de la academia “oficial”.

 

Por cierto, no se sabe de un pelotero al menos que se declare agradecido con el “desarrollo” que se le dio en México.

 

LAS CUENTAS DEL GRAN CAPITÁN

 

Cuando uno trata de analizar el porqué el valor de los contratos de los jugadores nacionales es más elevado que el de dominicanos o venezolanos, la búsqueda lleva invariablemente al trillado discurso de clubes y directivos, ese de “es que hemos gastado mucho en el pelotero”. El falso argumento, falacia que da sustento al esquema exportador monopólico vigente desde hace años.

 

El círculo vicioso se completa al revisar el inequitativo régimen que priva (75-25) en materia de venta de peloteros a Estados Unidos (y que ampara la Constitución) y todavía más, el aberrante acuerdo por el cual los clubes de Liga Mexicana de Beisbol crearon la figura de los “Derechos de Retorno”, que bien se pueden entender como un “adendum” de la Cláusula de Reserva.

 

Y un nuevo caso emblemático: Medias Rojas de Boston y Yankees de Nueva York en la “puja” por el pitcher derecho Héctor Velázquez, los Piratas de Campeche decidirán dependiendo quien ofrezca más. Vendido el pelotero, el club mexicano se quedará con el 75 por ciento del dinero pero aún más, si Velázquez regresa a México, TENDRÁ que ser con los Piratas y estos lo PODRÁN volver a vender.

 

¿Desarrollo entonces? No, simplemente el negocio perfecto.