CUANDO DESPERTÓ, LA FRUSTRACIÓN TODAVÍA ESTABA ALLÍ

Por Juan José Sánchez @JJSanchezB

 

Italia10 de Marzo de 2017- Augusto Monterroso nos regaló en su cuento “el dinosaurio” un relato mágico, sorprendente y genial. En una frase (cuando despertó, el dinosaurio seguía allí) encierra todo lo que un excelente cuento de terror debe tener: sorpresa, duda, imaginación, magia y miedo, mucho miedo.

 

Ayer, la selección mexicana de béisbol tuvo un éxtasis monterrosiano en la novena entrada de su partido contra Italia, su primero del Clásico Mundial de Béisbol, al recibir 5 carreras en la última entrada y quedar tendidos en el terreno después de haber desperdiciado una ventaja de 4 carreras. Los rostros del público, de los peloteros y del mánager parecían describir lo mismo: incredulidad, sorpresa, inquietud, como si quisieran que todo fuera una pesadilla… Y al darse cuenta que todo era cierto los rostros mostraron miedo, mucho miedo.

 

Despertar y ver un evento como El Clásico Mundial de Béisbol, organizado por las Grandes Ligas que pretende que el béisbol sea un producto internacional, que haya un progreso factible en la práctica de la pelota en diversos lugares del mundo; es, finalmente, un escaparate para poder presenciar a los mejores peloteros del mundo defender la franela de su país. Es también un evento que tiene a su principal enemigo en las propias Grandes Ligas que organizan el evento en un momento donde los peloteros están totalmente fuera de ritmo.

 

El ejemplo más claro y doloroso de ello fue Roberto Osuna, cerrador estelar de los Azulejos de Toronto y que había mostrado a sus 22 años ser un taponero confiable. Ayer falló, no pudo sacar un solo out y le dieron 3 dobles y otorgó un pasaporte. No estuvo en su día. ¿Cómo pudiera estar en su día un lanzador que lleva 5 meses sin competir en altos niveles? Es imposible.

 

Despertar y leer las crónicas y periódicos del siguiente día y ver que la frustración estaba ahí; entendible, sin duda, pero jamás justificable. Y mucho menos ver plumas y opiniones de personas que le han dado la espalda a nuestro deporte y que hoy hacen leña del árbol caído. ¿Con qué afán? ¿Con qué cara?

 

Solo ellos saben por qué un deporte al que le han dedicado escuetas reseñas en el espacio de una esquela (como a los muertos) hoy es tema de planas enteras y hablan de decepción y de culpables cuando jamás se han detenido a observar un partido ni saben muchas veces quién juega; que, en pocas palabras, nunca dieron difusión a las sonrisas y hoy se jactan con las lágrimas, que, desde épocas inmemorables, han sido motivo de interés… Motivo de venta.

 

Frustración

Frustrante la forma en la que a un representativo nacional se le puede escapar un partido de las magnitudes del que dejó ir la Selección Mexicana de Béisbol. Todos, me incluyo, creímos ver un juego concluido y olvidamos que el béisbol sorprende y maravilla. Olvidamos que el triunfo es seguro hasta que cae el último out y creímos que era suficiente con tener a nuestro mejor brazo disponible en la loma para que el triunfo fuera nuestro. Grave error, el béisbol sigue siendo una caja de Pandora y como tal ayer expulsó muchas miserias representadas como una gran remontada.

 

Hubo falta de pericia en el fildeo de los veteranos y los jóvenes, hubo un brazo que no estaba en ritmo para un partido de vital importancia, hubo sorpresa de todos los que lo presenciamos, incluido Edgar González, que probablemente se siga preguntando ¿qué pasó? Como ayer se lo preguntaba mientras se desvanecía la ventaja nacional. Hoy solo queda frustración por la forma tan inverosímil en la que se fue el resultado.

 

Frustración al ver que la gran oportunidad que tenía el béisbol nacional al aparecer en pantalla de televisión nacional, con cobertura internacional de medios impresos y electrónicos se haya caído sin remedio. Era el gran momento donde el béisbol podía entrar en el gusto de muchos, se podía enamorar a los neófitos con historias fantásticas, llenas de espectacularidad… Pero esa conquista se hace con triunfos y la hazaña no fue nuestra, fue ante nosotros.

 

México perdió el pequeño espacio que los medios deportivos le “regalaron” para mostrar que puede ser un deporte entretenido y de masas. México perdió a esos jóvenes que nunca conquistó, y que quería conquistar con todas sus alicaídas fuerzas.

 

Estar, seguir ahí.

El béisbol mexicano debería ser un antes y después de este juego. En el campo deben sacar el carácter y la dignidad deportiva para enfrentar a dos potencias mundiales y buscas el triunfo y que este episodio sirva para buscar mejores finales. Sin embargo, donde todo debería cambiar es en la gente de pantalón largo, aquélla encargada de promover el deporte, la que invierte en los clubes y academias para los peloteros del futuro; aquellas personas que solo recuerdan que existe cuando hay competiciones internacionales (Alfredo Castillo, por ejemplo) y, sobre todo se deben cambiar la cantidad de vicios que están dentro del sistema beisbolero nacional ya que de no ser así la frustración seguirá ahí…