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ROMO, SIN DUDA EL MEJOR
8 de Marzo de
Arano anticipa que está en gestiones para que o dejen lanzar una vez más, ahora que está por cumplir 71 años de edad. No, no es broma: quiere repetir el truco de cuando en 1995, la LMB le dio permiso de lanzar cuando andaba en las 56 primaveras, hecho éste que hizo ruido y que se prestó para toda clase de críticas.
Por cierto, Arano salió de su nicho en el salón de la Fama para ganar dos juegos ese ´95, en algo como para Ripley, no para Guiness.
El exlanzador pide que no se le considere que está loco, sino que se tome muy en serio su intención. Y no, no esté afectado de sus facultades mentales sino que es fiel a su eterno modo de ser.
Parafraseando a un paisano suyo, ya fallecido cuando hablaba de Beto Ävila: “fue muy bueno pero no tanto como él mismo lo creía”.
CALIFICACIÓN- Unimos el tema de Arano con lo de Romo porque en esa entrevista, el periodista lo cita como “el más grande lanzador que ha desfilado en los diamantes nacionales” y ahí sí que la exageración es para reprobarse. Que es el pitcher con más triunfos en el béisbol de México, sí.
Que ha sido “el más grande”, no, definitivamente no.
Que en el verano fue un monstruo, sí.
Que en el invierno fue pitcher “regular”, sí.
Y para no meternos en muchos problemas, respetando jerarquías y el pasado, diremos que Romo es considerado por muchos de sus contemporáneos como el Mejor, que lo acerca al más Grande.
Arano ganó 423 juegos entre ambas ligas, Romo 364. El primero tiene un promedio ganador de por vida de .545, Romo .593.
Pero, ojo, el “Huevo” estuvo fuera de México ocho años, jugando en Grandes Ligas, actuando básicamente como relevista. Y tan bueno fue que los Padres de San Diego lo llevaron a
Los dos aparecen repetidamente en el libro de records de la LMB, Romo acapara todo en el de la LMP.
TESTIMONIOS- Pero más allá de los números y del mal uso y abuso del término “béisbol mexicano”, están los testimonios de quienes jugaron contra ellos y con ellos.
“El Huevo era un pitcher que si venía bien con su recta, ganaba y si venía mal, también ganaba”, es una expresión fácilmente de corroborar. Poseedor de una gran curva y de un cambio de velocidad letal, digno de apreciarse.
Las historias presenciales son harto reveladoras, como la muchas veces contada cuando lanzando para Coatzacoalcos, allá por 1981, llegó su equipo al estadio y un rival le echó puyas. Romo lo asumió como reto y aunque no le tocaba lanzar, le pidió la pelota al manager José Leyva y encaró a quien lo había retado: “fórmense que los voy a arreglar”.
Nueve entradas después, la amenaza había sido cumplida con creces.
Hablamos de un pitcher que hizo historia en donde sea que actuó y que por muchas razones, es considerado el Mejor, por no decir que el Más Grande, eso sí, del béisbol mexicano.
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