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CIERRE DE UNA SERIE EMBLEMÁTICA
7 de Febrero de 2010 DIVISIÓN- “Esta es una nuestra realidad, así es como la estaremos viendo y viviendo”. Palabras más, palabras menos, expresión que identifica (¿califica?) a lo que fue la Serie del Caribe 2010 que llegó a su fin con los Leones de Escogido logrando el campeonato en Porlamar, Isla Margarita, en Venezuela. Serie pues que en el recuerdo, tal vez deba ser calificada como emblemática.
Por emblemática podemos entender que ante la nueva realidad, los nuevos escenarios y las nuevas circunstancias, la Serie del Caribe transitará por los rieles que le vimos en Porlamar.
Esos mismos rieles inéditos, que no aparecían en la historia, y que por inentendibles hicieron surgir críticas. ¿Cómo, se preguntaban, es que las máximas figuras pudieron ser un exligamayorista ya retirado como Vinicio Castilla, un novel prospecto como Fernando Martínez o que el mejor bateador haya sido un veterano de 31 años como Jesús Feliciano?
¿En dónde quedan, preguntan esos mismos, las épocas de cuando Roberto Clemente, Willie Mays, Miguel Tejada, aquel equipo “de ensueño” puertorriqueño de 1995 o la lista de notables ligamayoristas que adornaron y vistieron de frac el torneo?
Desde la óptica que pudiera ser más optimista, es tiempo de asumir que la historia ha dado un vuelco notable y que de ahora en adelante, el torneo más importante del beisbol latinoamericano se sostenga en otras bases, que ahí retome vuelo para entonces sí, empezar a escribir su historia de manera diferente.
COMPETENCIA- Para aquellos que ya juzgan y sentencian a la Serie del Caribe como uno de hechos desfasados que no deberían de ocurrir, la edición 2010 les concede todos los elementos.
El equipo que resultó campeón fue el más práctico, el que hizo lo suficiente, sin ser una maravilla y lejos de ser un “trabuco”. Los Leones del Escogido, sin estrellas ni luminarias, superaron a tres equipos rivales en situación similar, desprovistos de esos personajes que el aura de ligamayoristas supone que hacen valer lo que cuesta el boleto.
No, no es el formato que no ha cambiado, la rigidez del sistema o la apuesta para que el cuadro local triunfe para que entonces haya éxito. Esas son las aristas apenas circundantes, que lo de fondo está en la obligación de definir “la nueva Serie del Caribe”, aquella que no dependa ni esté atada a los nombres para asociarla con la trascendencia.
No es el comisionado del Caribe Juan Francisco Puello el que pueda ser el héroe para salvar el dilema ni tampoco el villano al que deban acusar de lo que se llama “retroceso”. Tampoco a quienes hoy son los presidentes de liga, cuya responsabilidad queda en la conducción de sus respectivos circuitos.
De hecho, todo queda centrado en los dueños de los 30 clubes que integran el beisbol invernal del Caribe y de México, esos mismos que hoy saben a la perfección que el evento ha sido “tocado” por la realidad de las Grandes Ligas, por ese presente en el cual los grandes sueldos son más letales que la “fatiga extrema” o cualquier contenido del Winter League Agreement.
La crisis económica mundial parece no haber afectado a las GL, pero sí a las ligas de invierno. En las Mayores hay “jauja” y eso, de facto, obliga a que la Serie del Caribe se tenga que reinventar.
Reinvento, por cierto, que deba ser animado por la tesis de que hay que arriar con las mulas que se tenga a la mano.
ACOTANDO- Todo lo anterior no es, ni por asomo, intento alguno de sugerir siquiera la extinción o liquidación del torneo como tal. Es decir, como una competencia entre las ligas invernales.
Su mejoramiento no pasa, así se diga lo que se diga, por una expansión que incluya a Cuba.
Todo queda, según nosotros, que de aquí en adelante se venda tal cual es. Reinventarse no es tirar a la basura la historia, tradición y lo que rodea a la Serie del Caribe.
Que si se afila ese perfil, tal vez los sombríos augurios sobre la Serie 2011, a celebrarse en Puerto Rico, pueda no ser el desastre que se anuncia sino más bien, el halagador reinicio.
EQUIPOS- En el cierre de la edición 2010, se vio que el segundo mejor equipo fue Puerto Rico, que llegó sin altas expectativas, que mostró a unos Indios de Mayaguez muy peladores, muy entrones y que terminaron con mucho decoro su participación.
Lo de Venezuela es reflejo exacto de lo que hablábamos líneas arriba. Unos Leones de Caracas mermados, sin figuras o peloteros relevantes y que en el colmo del infortunio, en ese último juego ante Dominicana ofrecieron una actuación para lamentar.
En el caso de México, ¡caray!, ni por donde empezar.
Dijimos aquí que la de Isla Margarita era, por mucho, la SC más a modo para ganarla. Un roster muy bien alineado, buen balance entre filas y el bateo como mejor arma. Evidentemente, los cálculos fueron errados porque los resultados quedaron lejos de lo siquiera deseado.
NORMAL- Caso único el de Castilla, que sigue estando fuera de liga y muy bien por Chris Roberson, en ese nivel al cual deba ajustarse la Serie del Caribe, es decir, torneo para lucir peloteros que quieren llegar a las alturas.
Batallaron los bateadores para mostrarse, apenas chispazos de algunos y la opacidad de muchos. No es que hayan quedado a deber, juicio severo que muchas veces no hace justicia a lo mostrado pro los rivales.
Del pitcheo, la misma evaluación. Los errores se pagaron caro, las imprecisiones tuvieron efecto y no pudo ser un staff que diera de qué hablar.
No le cargaríamos la mano a Homar Rojas ni a su cuerpo técnico. Se fue con un plan de trabajo pero éste topó con los imponderables, empezando con los rivales y luego con esos instantes en donde los el error propio se mezcló con la virtud ajena y ya nada pudo ser buen o.
Vuelta a la página, que esto ya fue juzgado.
PENDIENTES- Termina el ciclo invernal y lo que sigue es una pausa antes de que inicie la vorágine ligamayorista. En unos días más se abren los campos de entrenamiento para saber quiénes se quedan, quién es van a las Menores y quiénes deberán emigrar sea al Oriente o a las Ligas Independientes.
En todo caso, faltaría decir que hoy la expectativa debe ser esperar la lista de todos aquellos peloteros que estarán lesionados, que esa es la lista que año con año crece.
Y ni modo, también llega la temporada de la Liga Mexicana bajo augurios que no pueden ser optimistas. Bajo un estricto y racional plan de austeridad, bajo limitaciones que resultan entendibles, las decisiones que lucen inapropiadas en la forma, no en el fondo.
Qué lástima que no podamos decir que al igual que la Serie del Caribe, la LMB debería reinventarse, y no podemos porque el término tendría que ser muy diferente. ¿Refundación sería adecuado?
De eso platicaremos, ya anticipamos, en los días por venir.
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